03 enero 2017

LOS REYES MAGOS

Debo disculparme ante alguno de mis seguidores que se ha quejado cariñosamente por la extensión del relato anterior. La justificación por si vale de algo, es que había que sacudir las telarañas que estaba criando este apartado y, ante la ausencia de temas más ocurrentes, pues había que fabular sobre algo.

Vale: pues este año las navidades se nos han venido encima rápidamente. Casi de manera inesperada, al menos para el que suscribe, y  ya están casi vencidas. Si bien acaba de empezar el invierno, a este paso tenemos a la vista el verano.
Me han llegado noticias de que el pueblo ha vivido estos pasados días de manera extraordinaria, porque alguien se ha encargado de estimular los atardeceres cantando villancicos calle arriba y calle abajo.
Que cuenten con mi más sonoro aplauso los que han protagonizado tan espontanea actuación, de la misma manera envio un fuerte abrazo a la persona que tomó la iniciativa que, ¡como nó!, tenía que ser un lagarto.

Este pueblo merece una mención especial en la zona, pues a pesar de que la población va disminuyendo,  los regidores se comprometen con actividades nuevas y el resto de habitantes cuando menos en recuperar tradiciones.


También tengo entendido que debido al éxito que obtuvo la cabalgata de reyes del año pasado, y dada su trascendencia, los Reyes Magos han emprendido viaje hacia el pueblo. Al ser una zona tan alejada han tenido que alquilar vehículos a motor y como no están adaptados a esta forma de viaje se han desorientado y tratan de reubicarse preguntando por las rotondas según he podido comprobar. Claro, por el día no ven la estrella.

27 diciembre 2016

LA PUERTA NÚMERO 40

Algunas veces se dan situaciones raras que enlazan un inconveniente tras otro a cual mas estrambótico y parecen increíbles, máxime si el relato coincide con estas fechas. Aun siendo ya raro, siempre puede surgir otra circunstancia negativa que la empeora la anterior.
Por tanto los que consideren esta historieta imposible estarán en lo cierto  y los que si la crean también estarán acertados.
Había llegado el día para que Roberto y Asunción iniciaran sus esperadas y debidamente preparadas vacaciones, que incluían un viaje en avión y este era el primer atractivo de su ruta.
Un taxista parlanchín les acerca al gran aeropuerto y se deshace en describir lo bonito que debe ser el vuelo un día nublado como hoy cuando, una vez el avión haya atravesado la nube verán un sol espléndido.
No le prestaban atención, pues cada uno estaba concentrado en el protocolo a seguir en la terminal, Roberto se ocuparía de portar el equipaje hasta la zona de facturación y Asun controlará los billetes para cuando le sean requeridos.
El taxista les despide deseándoles buen viaje mientras ellos pasan al interior de la primera nave del aeropuerto y, entre la gente que se mueve en todas direcciones ven una mano que se agita por encima de las cabezas llamando su atención.
Es la guía de la agencia de viajes que está reuniendo al grupo que viajará en el mismo avión y destino y a los que imparte indicaciones a seguir hasta la puerta de embarque.
En los mostradores de facturación les entregaré sus tarjetas de embarque que han de realizar por la puerta número 40, pero aún está por confirmar.
La primera en la frente: el avión va lleno hasta los topes, registra overbooking por lo que las filas están distantes y ni siquiera los asientos son contiguos. Roberto ha de viajar en el centro de la aeronave encima del ala y Asun en cola. Se lamentan de la situación y confían que la azafata les consiga una permuta con otros viajeros para que puedan sentarse juntos.
Pasado el control de seguridad, alguien del grupo se erige en guía e indica el itinerario a seguir para llegar a la puerta nº 40 que según parece quedaba bastante lejos.
Pasando de unas naves a otras  mediante escaleras mecánicas que suben y bajan, de pronto se abren unas puertas deslizantes donde la gente va como sardinas en lata. Se introducen como pueden. Una  niña de no mas de cuatro añitos en los brazos de su madre llora enrabietada. Se cierran las puertas automáticas y el convoy se pone en marcha a gran velocidad por un oscuro túnel que después de siete ó diez minutos se detiene.
Roberto comenta a su pareja que habían venido al aeropuerto para coger un avión y terminan de apearse de un tren. Ella sonríe de mala gana.
Los ocupantes del convoy se dispersan rápidamente y el grupo  sin saber que dirección tomar pregunta a un empleado por donde queda la puerta nº 40. Éste indica que han viajado en dirección contraria, por tanto deben deshacer el viaje hasta el punto inicial y preguntar allí.
Los paneles informativos ya confirman la puerta de embarque que corresponde a su vuelo y la hora de salida. Han perdido mucho tiempo por lo que deben darse mucha prisa.
Deshecho el viaje de ida, el tren se detiene y el grupo que ya no es tan numeroso se encuentra ante la cola un nuevo control de seguridad.
-         Oiga que nosotros ya hemos pasado un control,
Ya no había retorno. Depositen en la bandeja sus pertenencias y vayan pasando. Roberto pasa y el sistema emite pitido, (lo mismo que ocurre a todo el mundo).
El guardia de turno encargado del cacheo le dice que saque lo que lleva en el bolsillo trasero del pantalón, lo deje en la bandeja y vuelva a pasar.
Oiga que es mi cartera, las tarjetas y el peine son de plástico y los billetes de papel.
Una vez superado este inconveniente que les hace perder un tiempo que ya no tienen recoge todas sus pertenencias,… ¿todas? y corren hacia el resto del grupo que ya se perdía entre la gente. Una joven con chaleco de Cruz Roja conduce una silla de ruedas a la que intentan preguntar, pero sin dar oportunidad responde que no sabe. Lo mismo ocurre con la conductora de un carrito de limpieza  que rechaza la pregunta alegando que es su primer día de trabajo en ese puesto y que no conoce la zona.  Se detienen ante la puerta de un ascensor acristalado que los remontará dos plantas donde se encuentra la famosa puerta nº 40. El ascensor se retrasa, el temor empieza a afectar al grupo y uno de ellos corre hacia una escalera mecánica en dirección ascendente. Los demás le siguen.
Atraviesan dos plantas. Allí la iluminación eléctrica se mezcla con la luz del día y ya ven los aviones; unos circulando por las pistas de rodadura otros dejando o embarcando el pasaje.
Dos flechas en la pared indican puerta veintitrés a la uno a la izquierda. Puerta veinticuatro a la cincuenta a la derecha. Ahora están en la senda correcta pero ésta estaba a mas de un centenar de metros.
Llegados al punto deseado están formadas dos grandes filas atendidas por tres empleados: el tercero orienta a los pasajeros en que fila han de colocarse y como deben identificarse. Los otros dos van comprobando datos.
Roberto toca el bolsillo trasero de su pantalón para extraer el DNI y con gran desesperación observa que falta su cartera. El pánico se apodera de él. Al instante rebobina todo lo sucedido y concluye que su cartera a quedado en la bandeja del ultimo control que han pasado.
Un desconocido instinto de orientación le hace retroceder el camino acompañado de Asun  y después de un largo centenar de metros distinguen mediante las paredes acristaladas dos plantas mas abajo el control que acaban de pasar.
Un empleado uniformado con chaqueta amarilla los reconoce y pregunta por el contenido de su cartera. Roberto se explica atropelladamente y empleado lo tranquiliza.
-       Si hubiera venido cinco minutos antes todo estaría aquí, pero ya se ha tramitado y debe recoger su documentación en la oficina de la Guardia Civil, y el resto en la Oficina de Objetos Perdidos.
-         Pasen el control y les atiende el compañero de al lado.
¡¡Valgamedios¡¡.  ¡¡perderemos el vuelo.¡¡ Otra vez el pitido.
Era la tercera vez que pasaban  un control de seguridad
El guardia civil les recibe de inmediato y después de varias preguntas devuelve a Roberto los documentos. Para no perder mas tiempo un empleado los acompaña a recoger el resto. La funcionaria que atiende la oficina de objetos perdidos da explicaciones por teléfono a la persona que está al otro lado que parece no enterarse bien y tiene que repetir lo mismo durante siete  o más minutos, por lo que Roberto y Asun dan por perdido su vuelo y sus vacaciones.
-         ¿Qué contenía su cartera?
-         Los documentos de identidad, varias notas manuscritas y algún billete de papel.
-         Mire a ver si está todo.
-         Si. Correcto. Está todo.
-         Debemos rellenar un formulario.
Una vez terminada la redacción se lo pone a la vista y sin leer ni una línea le firma el recibí y se despide.
         -¡Oiga espere un momento¡
-¿Desea presentar alguna reclamación por las molestias causadas?
- Oh: no pordios. Muy agradecidos.
- Entonces hay que cumplimentar la oportuna observación.
La empleada del aeropuerto que les ha acompañado se despide de ellos en la senda que conduce a la ansiada puerta número 40 hasta donde han de caminar un buen rato con la tranquilidad de haber recuperado la cartera con su íntegro contenido, pero la casi seguridad de no conseguir embarcar, porque al llegar a este punto han desaparecido las dos largas colas que recordaban. Solo quedaba el tercer empleado recogiendo las cintas que dirigían las filas hasta el túnel de acceso al avión.
Abatido y estresado por la experiencia vivida Roberto pide un café cappuccino de esos que tanto le gustaba saborear en otros vuelos.
-         Aquí tiene señor: Está muy caliente. Tenga cuidado de no quemarse.
Lo anterior que Roberto recordaba era el último sorbo del café, cuando le despertó una voz aparentemente femenina que ya llevaría un rato hablando y que él empezó a oír entre sueños ,”… dentro de breves momentos aterrizaremos en el aeropuerto de destino. Deseamos hayan tenido un vuelo agradable y confiamos verles abordo en otra ocasión. En nombre de toda la tripulación les deseo una feliz estancia en este destino”  (o algo así)
Seguidamente Roberto y Asun notaron el contacto del tren de aterrizaje sobre la pista seguido del atronador ruido de los motores que se activaron para frenar la carrera del avión.
Después de salvar tantos inconvenientes que no se habían imaginado no saben si lo anterior ha sido una pesadilla o les ha ocurrido de verdad.

Lo único que tenían claro en ese momento  es que al fin iban a disfrutar sus ansiadas vacaciones.

06 septiembre 2016

NO TERMINA EL CALOR



Hace dos meses por estos días estaban llegando lagartos y otros veraneantes al pueblo y todos estábamos ocupados preparándonos para celebrar las fiestas de San Lorenzo que este año se han prolongado mas de lo habitual. Durante esos días pasamos calor pero por la noche tuvimos que soportar el indeseable aire de arriba tan frio y malo que seca hasta los manantiales.
Ahora ya hace casi un mes que las hemos dejado atrás. Todos han regresado y todo vuelto a la normalidad. Empezaremos a pensar en las próximas; y a estas alturas del mes de septiembre estamos sufriendo un calor extremo que como siga así se hará insoportable.
Está tan seco el campo que da miedo pensar que pasaría si se declarara un incendio.
Donde se habrá metido la señora que no hace mucho hablaba de las bolsas de aire frio. Ahora quería yo verla.
Los treinta y cinco grados a la sombra que hay a esta hora de la tarde (20:00) y con el fuego que acaba declararse en la cercana frontera portuguesa impresiona salir a la calle.
Las columnas de humo son visibles de muy cerca. Desde el paraje camino del Candeneo, se ve el pueblecito de Lagoaça rodeado y las llamas que, si desde aquí se distinguen, estas deben ser infernales.
Y desde el barrio de la Trinchera, parece que el fuego amenaza a nuestro pueblo. Vamos a pensar que no llegará hasta aquí porque el rÍo Duero cumplirá  como un excelente cortafuegos.


29 agosto 2016

LA PEÑA LAGARTO A LA ALTURA EN SAN LORENZO 2016

Ayer durante un paseo nocturno alrededor del pueblo, después de la cena tuve un agradable encuentro con una familia que estaba haciendo serano a la puerta de su casa, acompañados de su inseparable perrito que yacía  todo lo largo que era a lo ancho de la calle.
Tuve que solicitarle permiso para que abriera paso agitando el timbre de mi triciclo y el animalito respondió incorporándose perezosamente.
Para disculparme por haber molestado su tranquilidad le dedique unas caricias y él lo entendió levantando la vista hacia mi y moviendo su colita, por lo que creo que no me guarda rencor.
Estos “seraneros “ (porque hacían serano) y que son asiduos seguidores de este blog, estaban expectantes por un nuevo relato aquí sobre las pasadas fiestas y para que no cayera en abandono este sitio. De tal manera que me he visto agradablemente “presionado” para hacerlo.
No se cómo empezar ni que decir, porque en realidad sobre las pasadas fiestas está todo visto y debidamente informado por otros. El propio administrador de la página donde cabe este blog hace un derroche de reportajes (fotos y vídeos) que valen más que muchas explicaciones escritas. Además que cada individuo tiene un teléfono móvil y suben información  a las redes donde todos tenemos acceso al instante.


El autor de esta foto nos pidió que posáramos, creímos que para documentar o ilustras algún tema sobre la carrera que se celebraba ese mismo día. Sin conocer el resultado de la foto tal fue mi sorpresa que a los cinco minutos llega un mensaje a mi teléfono desde un lejano punto de España “…. Pero que guapos estáis”, al que unía dicha foto. Mi reacción fue “¡pero coño¡”




La Peña Lagarto a la que pertenezco estuvo a la altura prevista con sus disfraces en el desfile quedando clasificada en tercer lugar y muy participativa en el resto de actividades festivas animando el cotarro desde por la mañana















Capítulo aparte merece destacar la presencia del acordeonista Raúl Díaz de Dios, que su actuación en el escenario de la carpa todavía es recordada como extraordinaria. Algunos comentaban que nunca había aplaudido tanto y tan fuerte hasta sentir dolor en las manos. Enseguida encandiló a los asistentes y cuando valoró a un público entregado alargo su concierto más de lo que era su costumbre

El presentador de esta actuación al que pillaron a contrapié, no supo resaltar las facultades del artista al que íbamos a escuchar y, en su descargo hay que agradecerlo, porque así el resultado de su actuación fue más sorprendente.

Creo que aquí el Ayuntamiento se merece la mejor nota posible, pues ha sido un lujo para el pueblo contar con la actuación de tan distinguido artista.  Todavía hoy viene gente a transmitir felicitaciones para él.
A ver si con todos los fragmentos de vídeos y fotos recogidos de su actuación podemos confeccionar un vídeo resumen y proyectarlo al público en otra ocasión que se preste oportuna.

30 junio 2016

EL CABALLO CIEGO

Ya se han contado aquí mas veces recuerdos que vienen a la memoria cada vez que uno recorre los caminos de nuestro término municipal, según la época del año son diferentes, pues era en el campo donde uno comenzaba su vida laboral desde la edad de niño.
Por estas fechas se iniciaban las tareas mas penosas de todo el año. Las plantas de primavera empezaban a secarse, las pajas, el heno,…  Empezaba la cosecha. La festividad de San Pedro, 29 de junio, era una referencia aproximada para iniciar  la siega del centeno. Antes, ya en mayo, se había segado la cebada y esto era un aviso de lo que nos esperaba.
Luego vendría la siega del trigo, el acarreo, la trilla, la limpia, el olor a paja y a muña,… bueno: penalidades tanto para personas como para animales de trabajo.
A partir del día de San Pedro ya no habría descanso. Se solicitaba permiso al señor cura para que, por necesidades y premura de recolección, dispensara a los vecinos de la obligación de asistir a misa los domingos, y venga, dale que te pego a tirar de la oz de sol a sol con lo largos que son los días y sin descanso semanal.
Solo habría una jornada de paro con la obligación de ir a misa: el 25 de julio Día del Apóstol Santiago que los muchachos pasábamos la mayor parte día a la sombra de los chopos del pilar con nuestros juegos y travesuras. (chopos de los que tanto ha gustado escribir a Luis -Colino-)
Por supuesto también la fiesta de San Lorenzo  cuando ya empezaban a declinar estos penosos trabajos.
La generación de nuestros abuelos debió ser  muy dura. La de nuestros padres también, pero mas llevadera. La nuestra mucho mejor y la de nuestros hijos y nietos no va a ser tan buena como la nuestra.

Entre los recuerdos propios  y los que uno ha oído contar destaca con mucho el siguiente:
El tío José de la tía María y el tío Andrés de la tía Eugenia, tenían un molino en el río Uces más abajo de los Pontones ya en el término municipal de Masueco.
Entre los dos atendían la empresa que como todo lo único que producía era trabajo no retribuido para ellos y el resto de la familia que tenía que apoyarlos.
El patrimonio de la empresa no pasaría de un  martillo  y un cincel para picar la piedra de moler, algún costal para recoger la harina, y para transportar el producto un caballo que se había quedado ciego de lo viejecito que era.
Una muchacha jovenzuela de la familia tenía la misión de transportar del pueblo al molino y viceversa a lomos del caballo el grano  procesado, guiando al animal por el sendero escarpado que desde Cabeza Rasa conducía en dirección descendente hasta el molino.
La conductora debía mantener la máxima concentración y sensibilidad hacia el caballo porque si éste sacaba una pata del sendero y pisaba fuera, caería con su carga y tendría que solicitar ayuda para arreglar el accidente.
Escuché este relato varias veces de boca de la conductora del caballo y siempre la escuchaba con el máximo interés, porque afectaba directamente a mi familia.

El tío José de la tía María, era mi abuelo y la muchacha que conducía el caballo era mi madre y ésta se emocionaba en el momento de describir  la alegría que sintió cuando le sustituyeron el caballo ciego por otro joven ya que le parecía mentira poder ir delante del animal sujetado por el ronzal sin tener que preocuparse de donde pisaba el caballo.

Para entender la diferencia me hacia la siguiente  comparación:  “Con el cambio me puse mas contenta que tú cuando  estrenastes el primer coche”