Debo disculparme
ante alguno de mis seguidores que se ha quejado cariñosamente por la extensión
del relato anterior. La justificación por si vale de algo, es que había que
sacudir las telarañas que estaba criando este apartado y, ante la ausencia de
temas más ocurrentes, pues había que fabular sobre algo.
Vale: pues este
año las navidades se nos han venido encima rápidamente. Casi de manera
inesperada, al menos para el que suscribe, y ya están casi vencidas. Si bien acaba de
empezar el invierno, a este paso tenemos a la vista el verano.
Me han llegado
noticias de que el pueblo ha vivido estos pasados días de manera extraordinaria,
porque alguien se ha encargado de estimular los atardeceres cantando
villancicos calle arriba y calle abajo.
Que cuenten con
mi más sonoro aplauso los que han protagonizado tan espontanea actuación, de la
misma manera envio un fuerte abrazo a la persona que tomó la iniciativa que,
¡como nó!, tenía que ser un lagarto.
Este pueblo
merece una mención especial en la zona, pues a pesar de que la población va
disminuyendo, los regidores se
comprometen con actividades nuevas y el resto de habitantes cuando menos en
recuperar tradiciones.
