Creo tener la agradable debilidad de ir haciéndome amigo de todos los músicos
callejeros cuando viajo.
En esta ocasión un emigrante sudamericano que según me
contaba había pasado por varias regiones
de España hasta que llegó a Puerto de la Cruz y una vez comprobado la
bonanza meteorológica de ese sitio decidió asentarse allí.
Desconocía el nombre del instrumento que tocaba. Lo
relacionaba con el silbato del antiguo afilador que iba por los pueblos, o unas
cañas huecas por las que soplaba. Luego me explicarían que tenía nombre propio,
zampoña, y tuve que pedir disculpas
por mi ignorancia.
Preguntado si no le producía fatigaba el soplar tantas horas
seguidas, mañana y tarde en diferentes escenarios. Mucho me sorprendió su
respuesta al explicarme que no consistía en soplar, si no que utilizaba otra
técnica (que no comprendí)
A parte de los dulces sonidos que emite el artista con tal instrumento, tiene un corazón generoso y
accedió a dedicar una de sus interpretaciones a mi grupo musical “Música
de Raíz” y que me complace compartir en este sitio.